"Por los responsables de las naciones, para que se comprometan con decisión a poner fin al comercio de las armas, que causa tantas víctimas inocentes."    

                                                                                                 Papa Francisco - Junio 2017

 

 

 

Mosaico Virgen de Luján y Negro Manuel.

abr 23, 2017

El Sábado 22 comenzó la colocación del mosaico del Negro Manuel junto a la imagen de Ntra. Sra. de Luján en la esquina de la parroquia.

Todos conocemos la historia de Ntra. Sra de Luján, pero quizás no tantos tenemos conocimiento de la figura del "Negro Manuel", fiel esclavo de la Virgen, que durante 40 años permaneció junto a su Imagen, cuidando su altarcito y venerándola con profundo amor.
En 2016 se abrió la causa para su beatificación y mientras tanto en el frente de nuestra parroquia se coloca un mosaico junto a la imagen de Ntra. Sra de Luján, (que será bendecido el próximo 7 de Mayo) para poder sentir más cerca esta hermosa historia.

Negro Manuel, fiel esclavo de la Virgen (Fuente radiomaria.or.ar)

El Negro Manuel nació en 1604, en Cabo Verde –hoy ciudad llamada Dakar-, en la Costa de los Ríos, zona tórrida y occidental de África. En ese tiempo era colonia portuguesa.

A los 25 años, Manuel fue apresado por mercaderes de negros para ser vendido como esclavo en el Brasil. Llegó hasta el puerto de Pernambuco, después de una travesía de 30 días. Al atracar la nave los negros fueron llevados a la plaza pública, y allí puestos a la venta. Un capitán llamado Andrea Juan lo compró para su servicio. Eran los últimos meses del año 1629.

Dotado de una clara inteligencia y de un corazón humilde aprendió muy pronto las verdades de la Fe y fue bautizado quizás en los días de Navidad y Año Nuevo, y a los pocos días recibió la comunión. Y como era de corazón ingenuo y de alma pura e inocente todas las cosas de religión le daban una gran devoción.

El Negro Manuel deja Brasil en enero 1630, rumbo al Puerto de Santa María de los Buenos Aires, junto con el capitán Andrea Juan. Andrea Juan, llevaba dos imágenes de la Virgen María a su amigo Antonio Farías de Sáa, a fin de darle culto en la Capilla que estaba construyendo en su estancia de Sumampa –en este tiempo se llamaba toda la región Córdoba del Tucumán-. Llegados a Buenos Aires, Andrea Juan tuvo algunos inconvenientes por ser contrabandista, como era común en esta época. Entonces su amigo Bernabé González Filiano, sale ante las Autoridades por fiador suyo, solventando la deuda. El marino portugués en agradecimiento le entrega su esclavo, el negro Manuel, y Filiano manda enseguida a Manuel a su estancia de Luján, para mayor seguridad y evitarse complicaciones.

El milagro de las carretas

Aquí aparece el famoso episodio de la carreta que no quería avanzar, y María que decidió quedarse en tierras cercanas al hoy río Luján.

Discurriendo en tan extraña novedad, se supone que el negro Manuel, movido por la gracia de Dios dijo:
“Señor, saque del carretón uno de los cajones, y observemos si camina”.
Así se hizo, pero en vano.
– “Cambien los cajones, veamos si hay en esto algún misterio”, replicó Manuel.

Aquí fue cuando llegó la admiración ya que los bueyes movieron sin dificultad el carretón. Insinuó el negro Manuel:
“Esto indica que la imagen de la Virgen encerrada en este cajón debe quedarse aquí.”

Abrieron el cajón y encontraron una bella imagen de la Virgen en su advocación de la Purísima Concepción. Desde entonces, en lo más intimo del alma del negrito Manuel, se formó una unión firme e indeleble entre su corazón y la Virgen.

Dios dispuso entonces consagrar al negro Manuel al culto de la milagrosa imagen dejándolo en casa de Rosendo Oramas, ya que en él se manifestaban señales evidentes de su filial amor, respeto y veneración. Quedó allí para servirla con prolijidad y esmero. Todo su cuidado era en el aseo y decencia de su altarcito. Se aplicaba con tanta solicitud que nunca tenía a su Imagen sin luz ardiente.

A lo largo de los años Manuel llegó a ser consejero y amigo de los habitantes del lugar. Ayudó a la realización de la Capilla y nunca dejo de servir a la Virgen. Siendo ya un anciano enfermo, Manuel dijo antes de morir: “Mi Ama, la Santísima Virgen, me ha revelado que he de morir un viernes y que al sábado siguiente me llevará a la Gloria”. En efecto, murió tal como lo había anunciado hacia mediados de 1686.

Su cuerpo fue sepultado detrás del altar mayor del Santuario que se estaba terminando de edificar. La sirvió hasta 1671, o sea, 40 años haciéndolo con suma paz y alegría a su única Patrona. A Ella había sido donado como esclavo, y él entendía perfectamente lo que importaba una tal donación, y se reconocía por el verdadero y exclusivo esclavo de la Virgen.

 

 

 

 

 

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