"Por los cristianos que son perseguidos, para que experimenten el apoyo de todas las Iglesias y comunidades, por medio de la oración y de la ayuda material”"

                                                                             Papa Francisco - Marzo 2017

 

 

 

Misión Añatuya 2016

ago 22, 2016

Jóvenes de la parroquia comparten su testimonio luego de la Misión a Añatuya, Santiago del Estero 2016.

Hemos ido numerosas veces a misionar a diferentes parajes, diferentes comunidades, y la palabra de Dios siempre golpea con fuerza. Nos encuentra en el dialogo, en la alegría de compartir un poco de nuestro tiempo. Nos busca en esos mates santiagueños, en la escucha, en la charla. Hablar de misionar implica comunicar el Evangelio, y eso no es solo palabras. Comunicar el Evangelio es una forma de vida. Esto a veces no esta tan claro en el ritmo de la ciudad, en el miedo que nos da salir, lo incomodo de hablar de Dios en el día a día.

Cuando vamos a misionar sucede algo hermoso… vivimos más abiertamente nuestra fe. Pasamos por casas de extraños que nos abren sus puertas y sus corazones como si fuéramos familia, nos comparten más de lo que tienen y nos regalan un poco de su valioso tiempo. Nos comparten sus experiencias, pero sobre todo, suele darse algo que aquí en la ciudad no ocurre, se habla de Dios, de la fe, y no lo hacen como un tema raro o poco dialogado. Entre ellos hay un planteo de cómo encarar la fe, de practicarla, de vivirla. A veces estamos en la ciudad tan sumergidos en lo superficial que nos olvidamos de que Dios es un Dios vivo. Ser misioneros es dejarse misionar por Dios en el otro. Es buscar continuamente a Dios y querer comunicarlo. Nosotros tenemos el privilegio de tener una comunidad que nos apoya y nos permite experimentar las misiones y eso lo agradecemos, es por esto que queremos contarles dos situaciones significativas que tuvimos en esta misión.

La primera ocurrió cuando un hombre al que fuimos a visitar nos explicó de una manera tan simple y sencilla el por qué de su devoción a nuestra querida Virgen María. Nos dijo: “así como un niño obedece o al menos intenta con todas sus fuerzas hacer lo que su madre le pide, es cómose comporta Jesús. ¿Acaso creen que Él no haría lo que Ella le pida o no lo tendría en cuenta?

La segunda fue durante el primer día del triduo del festejo a la Virgen de Huachana, cuando vivimos en carne propia el comienzo de esa gran fiesta. Es muy difícil ponerlo en palabras pero a cualquier lugar que se mirara había personas bailando alegremente, arrodilladas yendo hacia el altar con lágrimas en los ojos, peregrinos que habían llegado desde lejos, familias reunidas. No importaba qué estado de ánimo se tuviese, esa celebración nos sacaba una sonrisa y la música tan alegre nos incentivaba a querer bailar y cantar. Se sentía como si uno fuese parte de algo mucho más grande, como si fuera una gran familia reunida en la presencia de la Virgencita.

Sabemos que es imposible sin ustedes y es por eso que queremos compartirles lo que aprendemos en la misión. No paren de buscar a Dios. De vivirlo. Dios no sólo está en las palabras, se nos presenta día a día en infinitas situaciones. Por medio de las personas y de nosotros mismos. En aquel que nos escucha, que nos apoya en las dificultades, que nos cuida, que quiere pasar un buen rato entre amigos, que busca el bien para los demás. Todo acto que se dé por amor expresa a Dios. Seamos hermanos entre nosotros y vivamos a Dios juntos en la oración, en la misa y en el día a día. Vivan a Dios. Que pensar en Dios sea también parte de nuestra cotidianeidad.

Grupo misionero Juan Pablo II, Pquia. Sta. Rosa de Lima.