"Pidamos por los cristianos de Asia, para que favorezcan el diálogo, la paz y la comprensión mutua, especialmente con aquellos que pertenecen a otras religiones."    

                                                                                                 Papa Francisco - Noviembre 2017

 

 

 

I Jornada Mundial de los Pobres

nov 18, 2017

El papa Francisco llama a la iglesia en todo el mundo a celebrar la I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES este domingo. Recordándonos la palabra de Dios: «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18), ningún cristiano puede ignorar este mandato.

 

LA INVITACIÓN DEL PAPA PARA TODOS.

El papa Francisco llama a la iglesia en todo el mundo a celebrar la I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES este domingo. Recordándonos la palabra de Dios: «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18), ningún cristiano puede ignorar este mandato.

Esto no es una sugerencia, sino un verdadero mandamiento que se hace más intenso debido al contraste que percibe entre las palabras vacías, presentes a menudo en nuestros labios, y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos.

El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Esto es así porque “Dios nos amó primero” (cf. 1 Jn 4,10.19)

Releamos la carta apóstol Santiago: «Queridos hermanos, ¿qué sentido tiene que una persona diga que tiene fe, si después no vive de acuerdo a ella? ¿Acaso puede salvarlo una fe que sea solo de palabra? ¿Qué clase de amistad sería la de una persona que ve a un amigo que está pasando hambre y no tiene qué ponerse, y le dice: “A vos te conviene abrigarte y comer, porque si no te vas a enfermar. Adiós, que te vaya bien”, y no trata de darle de comer ni le da un abrigo al amigo para ayudarlo? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta»

Los apóstoles lo entendieron muy pronto porque «Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45).

 

SAN FRANCISCO DE ASÍS

Así muchas veces Dios hizo que hombres y mujeres que de muchas maneras diesen su vida en servicio a los pobres. Entre ellos Francisco de Asís, al que siguieron muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir ESTAR con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.

 

EL ENCUENTRO CON LOS POBRES

No pensemos entonces sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida.

Si realmente queremos encontrar a Cristo, ES NECESARIO QUE TOQUEMOS SU CUERPO EN EL CUERPO LLAGADO DE LOS POBRES, COMO CONFIRMACIÓN DE LA COMUNIÓN SACRAMENTAL RECIBIDA EN LA EUCARISTÍA.

Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si quieren honrar el cuerpo de Cristo, no lo desprecien cuando está desnudo; no honren al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidan a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).

Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.

 

CADA CRISTIANO TIENE QUE VIVIR LA POBREZA

No olvidemos, además, que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad.

La pobreza es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido.

 

LOS ROSTROS DE LA POBREZA

Hay muchas formas de pobreza: el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.

Hoy en día, la riqueza descarada se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana. Escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. No se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. Hay una pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

 

Momento litúrgico de la celebración.

El papa francisco envió esta carta para todo el mundo invitando a la celebración el domingo anterior a Jesucristo Rey del Universo, domingo en que la Palabra nos muestra la identificación del Señor con los pobres y sufrientes (Mt 25). Y la escribe el 13 de junio, día de San Antonio, quien al estilo de San Francisco, tuvo como decisión de vida, la pobreza personal y el acompañamiento de los más pobres.

Así, nosotros, estamos especialmente invitados a imitarlo en la preocupación por los necesitados, al encuentro de Jesús en cada uno de ellos, y poder llegar a realizar el deseo del Papa: “Quiero una iglesia pobre y para los pobres”.

 

PIDAMOS A DIOS

- Benditas las manos que se abren para recibir a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza.

- Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad.

- Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.

 

Leemos de la carta del apóstol Santiago (2,5-6.14-17).

Hermanos, tengan muy presente que el Señor eligió a los pobres de este mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que prometió a los hombres que le son fieles y obran con amor.

¡Sin embargo, ustedes, que se dicen seguidores de Jesús, desprecian a los pobres! ¿No son, acaso, los ricos injustos los que los oprimen a ustedes y los llevan a los tribunales para que los castiguen?

Hermanos míos, ¿qué sentido tiene que una persona diga que tiene fe, si después no vive de acuerdo a ella?

¿Acaso puede salvarlo una fe que sea solo de palabra?

¿Qué clase de amistad sería la de una persona que ve a un amigo que está pasando hambre y no tiene qué ponerse, y le dice:

“A vos te conviene abrigarte y comer, porque si no te vas a enfermar. Adiós, que te vaya bien”, y no trata de darle de comer ni le da un abrigo al amigo para ayudarlo?

Bueno, lo mismo pasa con respecto a la fe: si la fe que decimos tener no la acompañamos con una manera de vivir que trate de cumplir fielmente la voluntad de Dios, es una fe muerta, una fe que no sirve para nada.

 

Salmo (33, 2-3. 6. 17-19. 23)

Antífona:

VAYAMOS A GUSTAR LA BONDAD DEL SEÑOR.

 

Los ojos del Señor miran al justo

y su oído está atento a su plegaria;

pero el Señor se enfrenta con los malos

para borrar de la tierra su memoria.

 

Dios escucha la oración de los justos

y los libra de todas sus angustias;

el Señor está cerca del que sufre

y levanta al de espíritu abatido;

 

Aunque sufran los justos muchos males,

de todos los libra el Señor;

Él cuida todos sus huesos,

no se quebrará ni uno solo.

 

La maldad hará morir al malvado,

y los que odian al justo serán castigados;

Él, rescata la vida de sus fieles

y salva a los qué en él confían.

 

  • Evangelio

+ Leemos del Santo Evangelio según san Lucas (6, 20-26)

 

Jesús, mirando a todos sus discípulos, dijo:

“¡Felices ustedes, los pobres,

porque el Reino de Dios les pertenece!

 

¡Felices los que ahora tienen hambre,

porque se les dará en abundancia,

hasta que queden plenamente saciados!

 

¡Felices ustedes los que lloran,

porque luego podrán reír!

 

¡Felices ustedes,

si los hombres los desprecian,

los expulsan, los insultan y los condenan

considerándolos infames

porque son amigos míos y quieren vivir conforme a lo que yo les he enseñado!

 

¡Pónganse contentos y llénense de alegría

pensando en el día del Juicio Final,

porque la recompensa que tendrán

en el cielo será muy grande.

 

Los padres de los que ahora

los insultan y persiguen,

también trataban así a los profetas!

 

¡Pobres de ustedes, los ricos,

los que han puesto toda la esperanza

en las cosas que poseen,

porque ya tienen su consuelo!

 

¡Pobres de ustedes,

los que ahora están satisfechos,

los que creen que no necesitan

de nada ni de nadie,

porque tendrán hambre!

 

¡Pobres de ustedes, los que ahora ríen

indiferentes ante el dolor

y la angustia de los demás,

porque les tocará sufrir y llorar!

 

¡Pobres de ustedes, cuando el mundo

los elogie, los llene de fama y de gloria.

Así eran tratados los falsos profetas

por los padres de los que ahora

se resisten a aceptar el Reino de Dios!”

PALABRA DE DIOS